Sobre las encuestas a empresas
Todo el que está cerca de la administración de una empresa ha recibido alguna vez una encuesta de cumplimiento obligatorio enviada por alguna administración pública. Hace un par de semanas, nos ha llegado una encuesta del Ministerio de Trabajo, y ayer una del Ministerio de Industria.
El trabajo necesario para rellenar dichas encuestas es muchas veces intenso, requiriendo el esfuerzo de al menos una persona durante un día para conseguir determinados datos que resultan, cuando menos, sorprendentes. Y eso si la empresa dispone de un sistema de información. En caso contrario, intuyo que la mayoría de empresas, estiman los resultados ya que el trabajo para recopilarlos sería muy laborioso. Así que ya sé qué valor tienen para mí los resultados de esas encuestas.
Os pongo un par de ejemplos para no aburrir mucho. Me preguntaban en esa encuesta del Ministerio de Trabajo, datos como los siguientes:
- Número de días festivos en el año (incluyendo fines de semana)
- Número de altas y bajas de personas en la empresa, así como el paso de contratos temporales a indefinidos y contratos de tiempo parcial a tiempo completo.
Y me pregunto yo
- Días festivos: ¿Acaso no lo sabe la Administración Pública que fija los calendarios laborales? ¿No sería más lógico preguntar: Cuántos días adicionales a los marcados en el calendario laboral ha otorgado su empresa?
- Altas y bajas: ¿No tiene esta información tanto la Seguridad Social (necesario para las cotizaciones) como el Ministerio de Trabajo, a los que hay que informar puntualmente de estos datos?
Evidentemente, esta información (y otra mucha que aparece en dichas encuestas) está ya en manos de las Administraciones Públicas. Eso sí, hay una falta absoluta de sistemas de información que permitan una minería de datos (Data Mining) adecuada y que proporcionaría además datos mucho más fiables. Razones como esta son las que hacen que no confiemos demasiado en la inteligencia de los dirigentes políticos a la hora de decidir inversiones (que generalmente suelen estar lejos de la modernización). Es mucho más interesante mantener encuestas con preguntas en la mayoría de los casos absurdas, que justifiquen el trabajo de una Administración Pública constrastadamente ineficiente (sólo hay que mirar los datos de la UE) y cargar de trabajo al sector privado. Trabajo eso sí, improductivo.
La poca vergüenza de las grandes empresas…
Hoy he descubierto dos cosas
- Que he hecho el tonto durante años
- "El que no llora, no mama"
Realmente, no las he descubierto... pero que se hagan tan patentes, me parecen de vergüenza. Soy usuario del Dúo de Telefónica desde hace 4 años ya (ADSL más teléfono fijo). Técnicamente, no tengo nada que reprochar a un servicio, que sin ser excelente, es correcto en comparación al ofrecido en España. Otra cosa es la calidad del servicio global de telecomunicaciones en España, que no deja de ser paupérrimo comparado con el resto de Europa.
Y durante 4 años he estado pagando algo más de 70 € todos los meses, por 1, 2, 3 o 6 megas de velocidad de bajada. Este finde, en casa de un buen amigo, me dijo que él tenía el trío (Imagenio + ADSL + teléfono fijo) por el mismo importe que yo en una promoción de 18 meses.
Hoy he llamado a Telefónica, algo indignado, y sin, casi esfuerzo, me han aplicado una promoción por la que durante 6 meses me establecen un precio del ADSL de 25 €... a cambio de garantizar mi permanencia durante un año (¡¡¡si llevo 4!!!). Es decir, o me han estado timando durante cuatro años, o he sido idiota durante este tiempo por no haber llamado antes. En cualquier caso, ambas opciones me dejan en muy mal lugar.
Estamos hartos de que las grandes compañías nos inunden de ofertas por captar nuevos clientes... ¿y qué ocurre con los habituales? Es increíble que no exista fidelización de clientes (y más en tiempos tan turbulentos como estos) y que el que te apliquen condiciones que estas compañías ya tienen estipuladas, se realice coaccionándolos con tramitar la baja.
¿Acaso este mundo sólo funciona a partir de las amenazas y no premiando al fiel y leal? Para las grandes compañías de telecomunicaciones, está claro que la amenaza es la que manda.
